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Raalte

Y llegó el día esperado…

Ese 4 de marzo que ansiosamente llevábamos preparando estaba a punto de llegar. Cogimos nuestro avión de madrugada y nos despertamos en Ámsterdam.

Solo el aeropuerto ya nos causó una fuerte impresión así como el camino hasta Raalte pero sin duda lo más emocionante fue la llegada. Allí estaban nuestros holandeses. Cuatro meses más tarde volvíamos a encontrarnos.

Cuando aún no habíamos asimilado que nos estábamos en Holanda nos encontramos sumergidos en el día a día holandés, en sus costumbres, sus horarios, sus comidas… pero pasados un par de días era como si llevásemos años en Holanda, teníamos nuestra rutina, nuestra cafetería y nuestro grupo de amigos, no podíamos pedir más del viaje.

Además hicimos numerosas actividades: visitas y participación en las diferentes aulas de formación del colegio, de diferentes granjas, todo esto con el marco de fondo verde y llano que caracteriza el paisaje holandés. La última y más esperada visita fue la de Ámsterdam, dimos un paseo en barco por sus canales que nos permitió ver gran parte de la ciudad.

Pero sin duda, para nosotros lo más significativo y lo que nunca olvidaremos de esos 10 días es la convivencia, tanto con los alumnos holandeses, con los que hemos creado una gran relación y a los que esperamos ver pronto, como entre nosotros. Ninguno de los 25 alumnos que participamos en este intercambio olvidaremos esta experiencia; esos paseos en bici, esas tardes en el tijenraan, ese frío tan característico al que terminamos por acostumbrarnos; eso será lo que nos vendrá a la mente cuando pensemos en Holanda.