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Viaje a Portugal 1º ESO

Estefanía Costas

El pasado martes 28 de abril, los alumnos de 1º ESO del Colegio Miralba partimos rumbo a tierras portuguesas, dispuestos a pasar un par de días repletos de actividades culturales y deportivas, anécdotas y aventuras.

¿Cuál era el plan? Aquí os lo contamos.

En primer lugar, nos desplazamos en autobús hasta el acogedor pueblo de Guimarães donde nos explicaron muchas curiosidades del lugar y tuvimos que realizar algunas pruebas de investigación. Allí descubrimos el castillo y nos dimos cuenta de que no es tan sencillo contar sus torres. También observamos el Pazo de los Duques de Braganza y nos enteramos de que en él se aloja el presidente de la República Portuguesa cuando visita el norte de su país. La muralla de la ciudad que reza “Aqui nasceu Portugal”, sus pintorescas calles y sus animadas plazas, fueron otras de las paradas de esta visita.

Tras pasar la mañana recorriendo calles adoquinadas, emprendimos el camino hacia nuestro siguiente destino, el parque de aventura de Diverlanhoso. Dado que, en años anteriores, algunos de nuestros compañeros ya se habían pasado por allí, había algunas cosas que sabíamos de antemano. Primero, que nos lo íbamos a pasar estupendamente. Segundo, que el miedo había que dejarlo en casa.

En nuestra primera tarde en el parque, tuvimos que buscar... ¡Un tesoro! ¿En qué consiste esta actividad? Muy fácil, usando los conocimientos adquiridos en clase de matemáticas, tuvimos que seguir una serie de coordenadas para poder finalizar la prueba. Después de esto, emprendimos una caminata por el monte, con Ramiro a la cabeza, que puso a prueba nuestra resistencia física y también nuestros conocimientos sobre la naturaleza y sus especies.

Ya cansados, regresamos al parque, nos duchamos, cenamos y... ¡A la discoteca!

A la mañana siguiente, un tanto cansados por no haber dormido demasiado, nos preparamos para las actividades más duras y emocionantes. En primer lugar, los puentes colgantes, donde no sólo pusimos a prueba nuestra resistencia, sino también nuestros nervios y nuestros miedos. Sin embargo, logramos superar con éxito esta prueba y llegar a la siguiente... La tan esperada tirolina. Entre gritos, dudas y muchos nervios, casi todos nos lanzamos al vacío, tratando de experimentar la sensación de que podíamos volar.

Finalmente, cansados, pero muy contentos, emprendimos el camino de regreso, dispuestos a aprovechar el esperado puente para descansar y regresar con las pilas bien cargadas.

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